Conversación con Andrés Quintero sobre presencia, emociones y medicina ancestral
En los últimos años, cada vez más personas se acercan al cacao buscando algo más que una bebida o un alimento. Para algunos representa un ritual, para otros una herramienta terapéutica y para muchos una forma de volver a conectar con aquello que el ritmo acelerado de la vida moderna nos ha llevado a olvidar: la capacidad de sentir.
Para Andrés Quintero, ingeniero industrial y terapeuta transpersonal, el cacao llegó precisamente en ese momento de búsqueda.
Durante años exploró diferentes herramientas de desarrollo personal como el coaching, la neurociencia y la programación neurolingüística, pero sentía que algo faltaba.
"Era muy conductual, muy superficial. Sentía que necesitaba ir más profundo", recuerda.
Esa inquietud lo llevó hacia la psicoterapia transpersonal, el trabajo sistémico y la exploración espiritual. Fue allí donde escuchó por primera vez sobre la medicina del cacao.
El respeto por el espíritu de las plantas
Dentro de la visión que acompaña su trabajo terapéutico existe un elemento fundamental: el respeto por la inteligencia y el alma de la naturaleza.
Andrés habla de los "elementales", energías o consciencias asociadas a los diferentes elementos y formas de vida: el agua, el fuego, el aire, la tierra, los árboles y también las plantas medicinales, incluyendo el cacao.
Desde esta mirada, el cacao posee su propia esencia y su propia medicina.
"Para mí lo primero es el respeto hacia aquello que la planta representa."
Más allá de sus propiedades nutricionales o fisiológicas, considera que existe una dimensión energética y simbólica que también forma parte de la experiencia.
La primera ceremonia que cambió su forma de sentir
La vida lo llevó a participar en una ceremonia de cacao en uno de los momentos más retadores de su historia personal.
Hasta entonces creía que sabía sentir. Pensaba que enamorarse, emocionarse o preocuparse era suficiente evidencia de ello.
Pero la experiencia fue diferente.
"El cacao me permitió abrir el corazón y sentir tanto lo que llamamos bueno como aquello que normalmente evitamos: el dolor, la tristeza y la vulnerabilidad."
Por primera vez experimentó la posibilidad de habitar simultáneamente la alegría y el dolor sin rechazar ninguna de las dos experiencias.
Aquella ceremonia se convirtió en el inicio de una nueva relación con sus emociones y con su propia humanidad.
El cacao como puente entre la mente y el cuerpo
Uno de los conceptos centrales en el trabajo de Andrés es la diferencia entre entender algo y realmente comprenderlo. A lo que muchas veces se le dice "bajar de la mente al corazón".
Podemos conocer racionalmente una idea, una emoción o una experiencia, pero eso no significa necesariamente que la hayamos integrado.
"Entender sucede en la mente. Comprender sucede en el corazón."
Desde su experiencia, el cacao funciona como un puente entre ambos mundos.
Desde el punto de vista fisiológico, explica que el cacao favorece procesos relacionados con neurotransmisores asociados al bienestar y a la conexión emocional, como la serotonina, permitiendo una mayor apertura a la experiencia interna.
"Cuando sientes, puedes ir más profundo."
Por eso considera que el cacao no busca sacarnos de nosotros mismos, sino precisamente lo contrario: ayudarnos a regresar al cuerpo.
Vivimos demasiado tiempo en automático
Para Andrés, uno de los grandes desafíos de nuestra época es la desconexión emocional. Muchas personas viven atrapadas en ciclos repetitivos de trabajo, obligaciones y supervivencia, sin detenerse realmente a observar cómo se sienten.
"Nos levantamos, trabajamos, dormimos y repetimos. Y muchas veces dejamos pasar la vida sin darnos cuenta."
Durante años esa también fue su experiencia.
Fue precisamente esa sensación de vacío y automatismo la que lo impulsó a buscar algo diferente.
Hoy considera que el cacao puede convertirse en una invitación a desacelerar y recuperar la capacidad de presencia.
Respirar y preparar el cacao como un acto de presencia
Cuando se le pregunta cómo empezar a salir del piloto automático, Andrés menciona dos herramientas sencillas: la respiración consciente y el cacao.
"La respiración es una de las pocas cosas que realmente podemos regular."
Respirar conscientemente durante un minuto puede cambiar completamente nuestra relación con el cuerpo y con el momento presente.
La misma invitación aplica al momento de preparar el cacao.
No se trata de hacerlo mientras respondemos mensajes, trabajamos o realizamos diez tareas simultáneamente.
Se trata simplemente de preparar cacao. Observar el aroma, el sonido del agua, la textura y el tiempo que tarda en estar listo.
Para él, esa también es una forma de meditación.
¿Qué sucede cuando el cacao nos hace llorar?
Una de las preguntas más frecuentes alrededor del cacao ceremonial es por qué algunas personas experimentan emociones intensas o incluso lágrimas durante una ceremonia.
Desde la visión terapéutica y energética que acompaña Andrés, muchas emociones permanecen almacenadas durante años sin encontrar un espacio seguro para expresarse.
Rabia.
Tristeza.
Vergüenza.
Culpa.
Dolor.
Cuando el corazón se protege para sobrevivir, también limita la posibilidad de sentir plenamente.
El cacao, conocido tradicionalmente como la medicina del corazón, puede facilitar el movimiento y la expresión de aquello que estaba esperando ser escuchado.
"Muchas veces ni siquiera sabemos lo que nos está pasando hasta que nos damos el permiso de sentirlo."
Por eso considera que el cacao funciona también como una herramienta de diagnóstico emocional y autoconocimiento.
¿Cuándo puede ser un buen momento para acercarse al cacao?
Para Andrés, existen momentos de la vida donde el llamado hacia esta medicina aparece de manera natural.
Cuando nos sentimos perdidos, cuando no encontramos sentido ala vida, cuando estamos atravesando ansiedad, tristeza o agotamiento emocional, cuando simplemente sentimos que algo dentro de nosotros necesita ser escuchado.
El cacao no reemplaza procesos terapéuticos ni tratamientos médicos, pero sí puede convertirse en un acompañamiento valioso dentro de un camino de bienestar integral.
¿Cómo elegir un cacao verdaderamente medicinal?
No todo el cacao conserva las mismas propiedades ni la misma esencia. Para Andrés, un aspecto fundamental es elegir cacaos artesanales y mínimamente procesados como Cacao Auna.
La producción industrial masiva puede preservar parte de los nutrientes, pero muchas veces se pierde aquello que él considera el alma de la planta: su historia, su origen y la intención con la que fue cultivada y preparada.
También destaca la posibilidad de acompañarlo con otras plantas y especias como:
Cardamomo, Jengibre, Clavo, Lavanda, Semillas y hierbas aromáticas
Cada una aporta propiedades y energías distintas que pueden complementar la experiencia.
El cacao y la valentía de sentir
Quizá una de las reflexiones más profundas de la conversación gira alrededor de la vulnerabilidad.
Durante mucho tiempo, especialmente desde ciertos modelos de masculinidad, sentir se asoció con debilidad.
Pero Andrés propone una mirada diferente. Permitirse sentir también es una forma de fortaleza.
Para él, "el cacao nos invita a la rendición ante la vida y cuando te rindes ante la vida, dejas de cargar tanto peso y puedes ver las cosas diferentes y eso es ser vulnerable y nos puede ayudar mucho." y quizás ahí reside una de las enseñanzas más profundas del cacao, recordarnos que sentir no es un problema que resolver, sino una experiencia que nos devuelve a la vida.